LOS AZTECAS: LA SERPIENTE EMPLUMADA.


ASCENSO FULMINANTE Y RÁPIDA CAÍDA.

En el centro y sur del México actual, el Mesoamériaca, vivieron desde el siglo XIV hasta el siglo XVI los aztecas o mexicas, que establecieron allí un gran imperio con un nivel de organización considerable. Los conquistadores españoles, con la ayuda de sus aliados los tlaxcaltecas, destruyeron, no sin esfuerzo, aquella desarrollada civilización.

Se dice que la palabra azteca proviene de Aztlán, un lugar mítico situado al norte de México, y que es la denominación que atribuyeron a los aztecas los otros pueblos, ya que ellos se autodenominaban mexicas.

Los aztecas llegaron a la meseta central de México tras la caída de la civilización tolteca, que había florecido en torno a Tula entre los siglos X y XI, y se establecieron alrededor del lago de Texcoco. Por su tardía aparición en el lugar, los aztecas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. La única tierra firme a su disposición la constituían los islotes del lago Texcoco. Gracias a esta circunstancia, desarrollaron un sistema único de agricultura y de vida: las chinampas.

A pesar del carácter adverso de las circunstancias geográficas y del hecho de que estaban rodeados de poderosos enemigos que les exigían tributos, los aztecas fueron capaces de crear un gran imperio en sólo dos siglos. Esto se explica en parte por su creencia en una leyenda, según la cual su pueblo fundaría una gran civilización en una zona pantanosa en la que existiera una especie de cactus llamada nopal sobre una roca y encima de él un águila devorara a una serpiente. Los sacerdotes afirmaron haber visto el nopal y el águila al llegar a las tierras astas de México. Todavía hoy esa imagen constituye el símbolo oficial de México y puede verse en billetes y monedas, entre otros lugares.

Mediante alianzas militares con otros pueblos, los aztecas crearon un imperio que abarcaba desde el centro de México central hasta la actual frontera con Guatemala. En el Transcurso de unos 100 años los aztecas lograron el poder total, al imponerse sobre los demás pueblos. A principios del siglo XV Tenochtitlan, la capital azteca, formaba una triple Alianza con las ciudades-estado de Texcoco y Tlacopan, pero éstas otras ciudades-estado que seguían llamándose reinos eran en la práctica meros satélites de la gran capital azteca.

En 1520, al final del reinado de Moctezuma II, el Imperio azteca contaba con 38 provincias tributarias Precisamente, la lucha de algunos de estos pueblos por su independencia propició la caída de los aztecas, ya que muchas comunidades sojuzgadas se aliaron con los españoles. Hernán Cortés conquistó definitivamente el imperio azteca en el año 1521. Moctezuma facilitó en parte esa conquista al acoger a Cortés como amigo y hospedarlo en los mejores palacios de la ciudad. Es posible que la interpretación de antiguos presagios sobre el regreso del dios Quetzalcóatl desde el Este indujera a creer que todo aquello se cumplía en Hernán Cortés. Sin embargo, al acoger amablemente al español, el emperador pretendía ante todo colmarle de regalos para que se retirara.

La Llorona, una leyenda sobre los presagios.

Una leyenda de época anterior a la conquista recoge la historia de esos augurios que preconizaban la caída del Imperio azteca y que pudieron confundir a Moctezuma. Carlos Franco, autor de Leyendas Mexicanas de antes y después de la conquista, relata la historia con las siguientes palabras:

“ Los cuatro sacerdotes aguardaban expectantes. Sus ojillos vivaces iban del cielo estrellado, en donde señoreaba la gran luna blanca, al espejo argentino del lago de Texcoco, silenciosos bajaban en busca de los gordos ajolotes. Después, confrontaban el movimiento de las constelaciones estelares para determinar la hora, con sus profundos conocimientos de astronomía. De pronto estalló el gripo. Era un alarido lastimoso, hiriente, sobrecogedor. Un sonido agudo, como escapado de la garganta de una mujer en agonía. El grito se fué extendiendo sobre el agua, rebotando contra los montes y enroscándose en las alfardas y en los taludes de los templos. Rebotó en el Gran Teocali dedicado al dios Huitzilopochtli, que comenzó a construir Tizoc en 1481 y terminó Ahuizotl en 1502 si las crónicas antiguas han sido bien interpretadas, y pareció quedar flotando en el maravilloso palacio del entonces emperador Moctezuma Xocoyótzin.

-¡Es Cihuacoatl! – exclamó el más viejo de los cuatro sacerdotes que aguardaban el portento.

- La diosa ha salido de las aguas y ha bajado de la montaña para prevenirnos nuevamente -agregó el otro interrogador de las estrellas y la noche.

Subieron al lugar más alto del templo y pudieron ver hacia el oriente una figura blanca, con el pelo peinado de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos. Arrastraba o flotaba sobre una cauda de tela tan vaporosa que jugueteaba con el fresco de la noche plenilunar.

Cuando se hubo opacado el grito y sus ecos se perdieron a lo lejos, por el rumbo del señorío de Texconan todo quedó en silencio. Sombras ominas huyeron hacia las aguas hasta que el pavor fue roto por algo que los sacerdotes primero y luego Fray Bernardino de Sahagún interpretaron de este modo:

- Hijos míos, amados hijos del Anáhuac, vuestra destrucción está próxima.

Siguió otra sarta de lamentos igualmente dolorosos y conmovedores, para decir, cuando ya se alejaba hacia la colina que cubría las faldas de los montes:

¿Adónde iréis?. ¿Adónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino? Hijos míos, estáis a punto de perderos.

Al oír estas palabras, que más tarde comprobaron los augures, los cuatro sacerdotes estuvieron de acuerdo en que aquella aparición fantasmal que llenaba de terror a las gentes de la gran Tenochtitlan, era la misma diosa Cihuacoatl, la didad protectora de la raza, aquella buena madre que había heredado a los dioses para depositar finalmente su poder y sabiduría en Tilpotoncátzin, poseedor en esa época de su dignidad sacerdotal.

El emperador Moctezuma Xocoyótzin se atuzó el bigote ralo que parecía escurrirle por la comisura de sus labios, se alisó con una mano la barba de pelos escasos y entrecanos y clavó sus ojillos vivaces aunque tímidos en el viejo códice dibujado sobre la atezada superficie de Amatl y que se guardaba en los archivos del imperio tal vez desde los tiempos de Itzcoatl y Tlacaelel. El emperador Moctezuma, como todos los que no están iniciados en el conocimiento de la hierática escritura, sólo miraba con asombro los códices multicolores, hasta que los sacerdotes, después de hacer una reverencia, le interpretaron lo allí escrito.

- Señor -le dijeron-, estos viejos anuales nos hablan de que la diosa Cihuacoatl aparecerá según el sexto pronóstico de los agoreros, para anunciarnos la destrucción de vuestro imperio. Dicen aquí los sabios y más antiguos que nosotros, que hombres extraños vendrán por el Oriente y sojuzgarán a tu pueblo y a tí mismo. Para ti y los tuyos serán días de muchos lloros y grandes penas, tu raza desaparecerá devorada y nuestros dioses humillados por otros dioses más poderosos.

- ¿ Dioses mas poderosos que nuestro dios Huitzilopochtli y que el gran destructor Tezcatlipoca y que nuestros formidables dioses de la guerra y de la sangre? -Preguntó Moctezuma bajando la cabeza con humildad y temor.

Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros, señor. Por eso la diosa Cihuacoatl vaga por el Anáhuac lanzando lloros y arrastrando penas, gritando para que oigan quines sepan oír, las desdichas que han de llegar muy pronto a vuestro Imperio.

Moctezuma guardó silencio y se quedó pensativo, hundido en su gran trono de alabastro y esmeraldas; entonces los cuatro sacerdotes volvieron a doblar los pasmosos códices y se retiraron también en silencio, para ir a depositar de nuevo en los archivos imperiales, aquello que dejaron escrito los más sabios y más viejos.

Por eso desde los tiempos de Chimalpopoca, Itzcoatl, Moctezuma, Ilhuicamina, Axayácatl, Tizoc y Ahuizotl, el fantasmal augur vagaba por entre los lagos y tempolo del Anáhuac, pregonando lo que iba a ocurrir a la entonces raza poderosa y avasalladora.

Al llegar los españoles e iniciada la conquista, según cuentan los cronistas de la época, una mujer igualmente vestida de blanco y con las negras crines de su pelo tremolando al viento de la noche, aparecía por el suroeste de la capital de la nueva España y, tomando rumbo hacia el Oriente, cruzaba calles y plazuelas como al imperio del viento, deteniéndose ante las cruces, templos, cementerios e imágenes iluminadas por lámparas votivas en pétreas hornacinas, para lanzar ese grito lastimero que hería el alma: -¡Aaaaay, mis hijos!.

El lamento se repetía tantas veces como horas tenía la noche. De madrugada, la dama de vestiduras vaporosas jugueteando al viento se detenía en la plaza Mayor y mirando hacia la catedral musitaba una larga y doliente oración, para volver a levantarse, lanzar de nuevo su lamento y desaparecer sobre el lago, para volver a levantarse, lanzar de nueve su lamento y desaparecer sobre el lago, que entonces llegaba hasta las goteras de la ciudad y cerca de la traza.

Jamás hubo valiente que osara interrogarla. Todos convinieron en que se trataba de un fantasma errabundo que penaba por un amor desdichado, bifurcando en mil historias los motivos de esta aparición que se trasplantó a la época colonial. Los románticos dijeron que era una pobre mujer engañada, otros que una amante abandonada con hijos, hubo quienes tejieron la consabida trama de un noble que engaña y que abandona a una hermosa mujer sin linaje.

Lo cierto es que desde entonces se la bautizó como “La Llorona”, debido al desgarrador lamento que lanzaba por las calles de la capital de Nueva España y que por muchos lustros constituyó el más grande temor callejero, pues toda la gente evitaba salir de su casa y menos recorrer las ponumbrosas callejas coloniales cuando ya se había dado el toque de queda.

Muchos timoratos se volvieron locos y jamás olvidaron la horrible visión de “La Llorona”. Hombres y mujeres “se iban de las aguas” y cientos y cientos enfermaron de espanto.

Poco a poco y al paso de los años, la leyenda de La Llorona, rebautizada con otros nombres, según la región en donde se aseguraba que era vista, fue tomando otras nacionalidades y su presencia se detectó en el sur de América, en donde se asegura que todavía aparece fantasmal, enfundada en su traje vaporoso, lanzando al aire su terrorífico alarido, vadeando ríos, cruzando arroyos, subiendo colinas y vagando por cimas y montañas.”

La vida de Fray Bernardino de Sahagún.

Fray Bernardino nació en Sahagún (León) entre 1499 y 1500, y murió en la Ciudad de México (Nueva España) en 1590. Se llamaba en realidad Bernardino Ribeira, pero cambió su apellido por el nombre de su villa natal. Estudió en Salamanca y llegó a Nueva España en 1529, con el fraile Antonio de Ciudad Rodrigo y 19 hermanos más de la Órden de San Francisco.
Fray Juan de Torquemada cuenta que “los religiosos ancianos lo escondían a la vista de las mujeres” por su magnífica presencia. También tenía fama de hombre sano, fuerte, trabajador, tenaz, sobrio, prudente y amoroso con los indios.
Sus primeros años en Nueva España los pasó en Tlhamanalco (1530-1532) y luego fue guardián del convento de Xochimilco, del que se le considera el fundador (1535).
Enseñó latín en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco de 1536 a 1541. En 1539 era lector en el convento anexo a la escuela. Recorrió el Valle de Puebla y la región de los volcanes (1540-1545) para llevar a cabo encargos de su orden. De regreso en Tlatelolco, permaneció en el convento de 1545 a 1550. En 1557 residió en Tula. Durante estos años desempeñó distintos cargos en el seno de la Orden.
En 1558 fue trasladado al pueblo de Tepepulco, donde permaneció hasta 1560. En 1561 volvió a Tlatelolco y estuvo allí hasta que en 1565 se marchó al convento Grande de San Francisco de la Ciudad de México, donde permaneció hasta 1571, año en que regresó de nuevo a Tlatelolco. En 1573 predicó en Tlalmanalco.
Falleció a los 90 años o poco más en el Convento Grande de San Francisco de México.
En 1547 había empezado a investigar y a recopilar datos acerca de los antiguos mexicanos. Para llevar a cabo su tarea con éxito, puso en marcha un ingenioso método de investigación: Hizo cuestionarios en náhuatl, valiéndose de los estudiantes del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, que conocían suficientemente el latín y es castellano, además del náhuatl, que era su lengua materna.
Leyó dichos cuestionarios a indios relevantes, quines le pusieron en contacto con indígenas ancianos que le prestaron una ayuda inapreciable. A estos hombres se les conoce con el nombre de los Informantes de Sahagún y eran de tres lugares: Tepepulco (1558-1560), donde se elaboraron los Primeros memoriales; Tlatelolco (1564-1565), donde se hicieron los llamdos Códices matritenses, y Ciudad de México (1566-1571), donde Sahagún realizó una nueva versión, mucho más completa que las anteriores, que es el texto definitivo de la Historia general de las cosas de Nueva España.

El pueblo azteca visto por Fray Bernardino de Sahagún.

Se considera a Fray Bernardino de Sahagún el principal investigador de todo lo que atañe a la cultura azteca. Este fraile franciscano dedicó toda su vida a la recopilación de información sobre las costumbres, la geografía, los dioses, la lengua, la ciencia, el arte, la alimentación, la organización social y todos los aspectos imaginables de los aztecas. Con los datos recogidos escribió una obra monumental, la Historia general de las cosas de Nueva España, que constituye actualmente la fuente de información más importante y rigurosa sobre el mundo azteca.
El valor de esta magna obra reside en que el método de Fray Bernardino fue plenamente científico, ya que sus fuentes de información fueron directas: recogió todos los datos de los propios indígenas, quines le contaron y corroboraron todo lo referente a su cultura.
En el prólogo de su obra, Fray Bernardino vertió las siguientes opiniones sobre el pueblo azteca y sobre sus antepasados.
En lo que toca a la antigüedad de esta gente, tiénese por averiguado que a más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España. Porque por sus pinturas antiguas hay noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca de ellos que fue destruida, y antes que se edificase, los que la edificación estuvieron muchos poblados en Tulanizinco, donde dejaron muchos edificios muy notables, pues en lo que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad de Tula y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es cónsono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual resulta que por lo menos quinientos antes de la Encarnación de nuestro Redentor esta tierra era poblada.
Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica y decente, muy sabia y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los chululanos edificaron a mano aquél promontorio que está junto a Cholula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro. Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de México, que es otra Venecia, y ellos en saber y en policía son otros venecianos. Los tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna a los Cartagineses. Hay grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula y en Tulantzinco, y en un edificio llamado Xochicalco, que está en los términos de Quauhnahuac; y casi en toda esta tierra hay señales y ratro de edificios y alhajas antiquísimos.
Es, cierto, cosa de grande admiración que haya nuestro señor dios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes idólatras, cuyos frutos ubérrimos sólo el demonio los ha cogido, y en el fuego infernal los tiene atesorados. No puedo creer que la Iglesia de Dios no sea próspera donde la sinagoga de Satanás tanta prosperidad ha tenido, conforme aquello de San Pablo: abundancia la gracia adonde abundó el delito. Del saber o sabiduría de esta gente hay fama que fue mucha como consta en el libro décimo donde, en el capítulo XXIX, se habla de los primeros pobladores de esta tierra, donde se afirma que fueron perfectos filósofos y astrólogos y muy diestros en todas las artes mecánicas de la fortaleza, la cual entre ellos era más estimada que ninguna otra virtud, y por la que subían al último grado del valor; tenían en esto grandes ejercicios, como aparece en muchas partes de esta obra.
En lo que toca a la religión y cultura de sus dioses,  no creo ha habido en el mundo idólatras tan reverenciadores de sus dioses, ni tan a su consta, como éstos de esta Nueva España; ni os judíos, ni ninguna otra nación tuvo yugo tan pesado y de tantas ceremonias como le han tomado estos naturales por especio de muchos años, como aparece por toda esta obra.
Del origen de esta gente la relación que dan los viejos es que por la mar vinieron, de hacia el norte, y cierto es que vinieron en algunos vasos de madera que no se sabe cómo eran labrados, sino que se conjetura que una fama que hay entre todos estos naturales, que salieron de siete cuevas, que estas siete cuevas son los siete navíos o galeras en que vinieron los primeros pobladores de esta tierra, según se colige por conjeturas verosímiles. La gente primero vino a poblar esta tierra de hacia la Florida, y costeando vino y desembarcó en el puerto de Pánuco, que ellos llaman Panco, que quiere decir lugar donde llegaron los que pasaron el agua.
Ésta gente venía en demanda del paraíso terrenal y traían por apellido Tamoanchan, que quiere decir buscamos nuestra casa; y poblaban cerca de los más altos montes que hallaban. En venir hacia el mediodía a buscar el paraíso terrenal no erraban, porque opinión es de los que escriben que está debajo de la línea equinoccial, y en pensar que es algún altísimo monte tampoco yerran, porque así lo dicen los escritores, que el paraíso terrenal está debajo de la línea equinoccial y que es un monte altísimo que llega su cumbre cerca de la luna. Parece que ellos, o sus antepasados, tuvieron algún oráculo acerca de esta materia, o de Dios, o del demonio, o tradición de los antiguos que vino de mano en mano hasta ellos. Ellos buscaban lo que por vía humana no se puede hallar, y nuestro señor Dios pretendía que la tierra despoblada se poblase para que algunos de sus descendientes fuesen a poblar el Paraíso celestial como ahora lo vemos por experiencia. Mas ¿Para qué me detengo en contar adivinanzas?, pues es certísimo que estas gentes todas son nuestros hermanos, procedentes del tronco de Adán como nosotros, son nuestros prójimos, a quien somos obligados a amar como a nosotros mismos.
De lo que fueron los tiempos pasados, vemos por experiencia ahora que son hábiles para todas las artes mecánicas, y las ejercitan. Son también hábiles para aprender todas las artes liberales, y la santa Teología, como por experiencia se ha visto en aquellos que han sido enseñados en estas ciencias, porque de lo que son en las cosas de guerra, experiencia se tiene de ellos, en la conquista de esta tierra como de otras particulares conquistas, que después acá se han hecho, cuán fuertes son en sufrir trabajos de hambre y sed, frío y sueño, cuán ligeros y dispuestos para acometer cualesquiera trances peligrosos. Pues no son menos hábiles para nuestro cristianismo si en él debidamente fueran cultivados; cierto parece que en estos nuestros tiempos y en estas tierras y con esta gente ha querido Nuestro Señor Dios restituir a la Iglesia lo que el demonio le ha robado en Inglaterra, Alemania y Francia, en Asia y Palestina, de lo cual quedamos muy obligados de dar gracias a Nuestro Señor y trabajar fielmente en esta su Nueva España”.

LA HERENCIA DE LOS AZTECAS: EL MÉXICO ACTUAL.


La geografía de México está condicionada por la existencia de numerosas cordilleras, muy elevadas y extensas, que atraviesan el territorio del país en sentido transversal y encierran en su interior cuencas y mesetas que, desde las épocas más remotas, han sido los lugares preferidos por los sucesivos pobladores del lugar.
La sierra Madre occidental se extiende de noroeste a sureste, desde la frontera con Estados Unidos hasta el valle del río Santiago. La Sierra Madre Oriental empieza en Coahuila, al norte, y se prolonga hacia el sureste hasta la Sierra de Pachuca. La Sierra Madre del Sur, situada en el suroeste del país, supera los 3.500m de altitud media. Desde la costa del Atlántico hasta la del Pacífico se prolonga la Cordillera Transversal Volcánica, que atraviesa la Meseta Central y encierra las mayores altitudes del territorio: el pico de Orizaba o Citlaltópelt, con 5.700m, y la cumbre del Popocatépetl, con 5.452m. En las regiones más meridionales del territorio, al sur del istmo de Tehuantepec, se elevan las sierras de Chiapas y de Guatemala.
La Meseta Central está enmarcada por los brazos oriental y occidental de la Sierra Madre. El territorio desciende hacia el norte y está dividido por una barrera de relieves transversales en dos grandes conjuntos: la Altiplanicie del Norte y la Meseta del Anáhuac.
La llanura costera se extiende a lo largo del golfo de México hasta la península del Yucatán y está constituida en parte por lagunas y regiones pantanosas En algunas zonas las estribaciones montañosas llegan casi hasta el mar y reducen la llanura a una estrecha franja litoral.
El noroeste del país está constituido por las llanuras costeras de Sonora y Sinaloa, el golfo California y la península del mismo nombre. Toda esta zona es una gran depresión, salvo la península de California, que está atravesada por macizos montañosos con cimas de más de 3.000m de altitud.
El clima de México está muy influido por el relieve y por los vientos marítimos. Aunque el país está situado en la latitud del trópico de Cáncer, en una posición similar a la que ocupa el desierto del Sahara, su clima está dulcificado por al altura y por la atmósfera marítima, húmeda y cálida, a la que debe la mayor parte de las precipitaciones. En verano, los alisios del noreste llevan aire marítimo al norte y al noroeste. A principios de otoño se origina tempestades de origen ciclónico que aumentan el porcentaje de humedad, pero pueden causar grandes destrozos si van acompañadas de huracanes. La primavera se caracteriza por ser una estación seca, con pluviosidad escasa y vientos del oeste y del norte. En líneas generales, las regiones situadas al norte del trópico son áridas; la Meseta del Anáhuac y las tierras templadas gozan de un clima más suave gracias a su altitud sobre el nivel del mar; en las regiones meridionales predomina el clima tropical húmedo y cálido.

La ocupación del territorio.


Desde las épocas más remotas, los habitantes de México mostraron preferencia por dos regiones: El Altiplano y las tierras bajas. Estas últimas se dividen en lo que los españoles llamaron tierras calientes y tierras templadas. Las primeras se caracterizan por un clima malsano para las poblaciones que no están habituadas a esas condiciones de vida. Las segundas son verdaderos jardines donde crece la dalia y se cultiva la caña de azúcar. Hernán Cortés estableció su capital en éstas últimas, concretamente en el paraíso residencial de Ciernavaca, donde gozaba de un clima privilegiado.
Las antiguas civilizaciones de México se forjaron en las tierras altas del Anáhuac, a las que se refiere la leyenda de los volcanes, y en las regiones cálidas del sureste. En la Meseta del Anáhuac se registra una continuidad cultural desde la civilización clásica de Teotihuacán (200 a.c. -900 d.c.) hasta las civilizaciones de Tenochtitlán y el Imperio azteca (1325-1521), pasando por las de Tula y el Imperio tolteca. Las civilizaciones de las tierras cálidas del sur fueron efímeras: olmecas al sur de Veracruz, mayas del sur y nuevo Imperio maya del Yucatán. Los chichimecas nómadas, que se sedentarizaron en el sur y se dedicaron a la agricultura, procedían de las estepas del interior, del Gran Tunal donde crecían las tunas o chumberas.
Teotihuacán, situada a medio camino entre el Gran Tunal y las tierras meridionales, ha proporcionado a los estudiosos muchos datos sobre la prehistoria mexicana. Los primeros pobladores de la ciudad establecieron el cultivo del maíz aprovechando las aguas termales que brotan en esa región y sentaron así las bases económicas de las sucesivas civilizaciones mexicanas.
Puede decirse en resumen que, mientras las zonas septentrionales permitieron una colonización más pacífica y progresiva, gracias a las lagunas cultivables, las tierras del sur sólo podían recibir grandes crisis de discontinuidad cultural.

Camino del mar.


Los ríos que atraviesan las áridas regiones del norte del país se caracterizan por presentar caudales poco abundantes. Los ríos del sur tienen un caudal más copioso y un curso más corto. Las cuencas más importantes son las del Atlántico, el Pacífico y los lagos interiores.
En la vertiente atlántica desembocan el río Bravo del Norte, de 3.034 Km, que forma frontera con Estados Unidos y recibe importantes afluentes, como el Conchos, el Salado y el San Juan, que se aprovechan para el regadío. Le siguen en extensión el Usumacinta (800 Km), el Grijalva (700 Km), el González (600 Km) y el Pánuco (510 Km), que forman junto con sus afluentes la red llamada Tula-Moctezuma-Pánuco, el Tamesí (400Km) y el Coatzacoalcos (300Km).
En el océano pacífico desembocan el Colorado (2.344 Km), el Balsas (685 Km), el Yaqui (680 Km), el río Grande de Santiago (547 Km), que forma la red Lerma-Chapala-Satiago, el Sonora (483 Km) y el Mayo (402 Km).
Los ríos que desembocan en los lagos del centro son el Nazas (580 Km), el Aguanaval (500 Km) y el Lerma, que riega la región agrículo del Bajio y sobre el que se han construido las presas de Santas Rosa, Solís y Yerécuaro.
Entre los numerosos lagos y lagunas del país, la mayor laguna es la de Chapala (1.109 Km), situada al sueste de Guadalajara, en una región de 1.500 m de altitud.

Pequeñas hierbas y grandes bosques.

La vegetación está determinada por las condiciones orográficas, geográficas, hidrográficas y climáticas. En las regiones áridas del norte predominan el matorral desértico, con especies como el mezquite, (Procopis juliflora); el nopal, (Opuntilla Silleni); y el Agave, (Agave Stricta). La Meseta del Anáhuac y las tierras templadas presentan las especies vegetales características del bosque templado: coníferas, chopos, sauces, robles y fresnos. A partir de los 2.500m de altitud y hasta los 3.900m abundan las encinas, los pinos y los cedros. A mayor altitud crecen las gramíneas alpinas, que forman praderas de plantas herbáceas con una altura inferior a los 50 cm. En las regiones más lluviosas del sur abundan las selvas tropicales, donde se desarrolla la caoba (Swietemia macrophylla), entre otras especies madereras. Al sur de la altiplanicie interior se cultiva el maguey, mientras que en el Yucatán abunda el henequén.
La fauna es enormemente rica. En las zonas de clima cálido y húmedo viven el jabalí, el armadillo y el tapir, junto a una gran variedad de aves exóticas (cotorras, harpías, pericos), anfibios y reptiles (iguanas, tortugas, ranas arbóreas, caimanes, boas). En otras regiones habitan grandes mamíferos: osos, jaguares, coyotes, perros de la pradera, bisontes, lobos, pelícanos, etc.



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6 respuestas a LOS AZTECAS: LA SERPIENTE EMPLUMADA.

  1. Antonio dijo:

    Interesante espacio y bien documentado , gracias por invitarme , paso despues a leerlo depacito un saludo, amigo

  2. Elena dijo:

    Hola, que espacio tan original ¿¿no??, gracias por haberme agregado…ya paso otro ratito y leo las entradas que ahora ando mal de tiempoo…
    un saludo desde Alicante…chauu

  3. Jean Marie dijo:

    Interesante e instructivo relato sobre un tema siempre interesante.
    Felicidades.
    Besos vampíricos.

  4. Ilaria donna di Piton dijo:

    Hi! What a nice space! See you!

  5. Evangelina dijo:

    Wowwww!!!
    Menudo trabajo has hecho, realmente impresionante!! No te ha faltado ni un detalle, hablas hasta de las plantas y los insectos.
    Sinceramente, me has dejado perpleja.
    Un saludo y feliz semana.

  6. Juán Antonio dijo:

    DE VERDAD QUE TE LO HAS ""CURRAO"". ESTA MUY BIEN. BESOS

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